Carlos Eduardo Cruz-Diez
nació en Caracas, Venezuela, el 17 de agosto de 1923. Con una infancia feliz en
La Pastora (su parroquia), sus maestros lo regañaban porque en las clases solo
pintaba dibujitos. Su fascinación por el color surge a raíz de una pequeña
fábrica de botellas de gaseosas que monta su padre, pues en ella descubre el
reflejo de la luz y el color gracias al impacto del sol en las vidrieras. En
1940 dejó el bachillerato y se inscribe en la Escuela de Artes Plásticas y
Aplicadas de Caracas, donde obtiene el diploma de profesor de Artes Aplicadas.
Allí recibe clases de
destacados maestros, como Marcos Castillo, Luis Alfredo López Méndez y Juan
Vicente Fabbiani. Entonces le interesa particularmente la obra de Francisco
Narváez y Héctor Poleo. Mientras estudiaba, trabajaba haciendo viñetas
humorísticas para el diario La Esfera y la revista infantil Tricolor. Su
pintura en ese momento se centraba aún en el realismo social, la miseria y la
pobreza existente, después pensó lo mucho que lo deprimía y se enfocó en su visión,
salir de este contexto para materializar nuevas. Para Cruz Diez el arte es la invención
de un nuevo lenguaje con discursos que tengan trascendencia en el tiempo. Con
la convicción de que no existe nada más humillante para la gente pensante que
una dictadura, en 1955 reside durante un año y medio en El Masnou, Barcelona,
España. Ese año viaja a París y visita la exposición «Le Mouvement» en la
Galería Denise René y, al año siguiente, expone en la Galería Buchholz de
Madrid las series de Parénquimas y Objetos rítmicos móviles. Luego de breves
viajes a Nueva York y a París en 1957, regresa a Caracas y funda el Estudio de
Artes Visuales, dedicado al diseño gráfico e industrial. En 1959 realiza su
primera mezcla de luces y fisicromía con la simpleza que lo caracterizó. Su inspiración
en técnicas originales e innovadoras revolucionó la forma de trabajar en un
taller. Se volvió el inversor, el emprendedor y el obrero para lograr los
resultados deseados. Para lograr el éxito él se volvió fiel y leal a su
pensamiento e ideas, las cuales deben estar siempre anotadas porque no se sabe cuándo
puede llegar la oportunidad. Tenia claro que las preocupaciones diarias podían llegar
de alguna manera a frustar al creador, por lo tanto no se dejo sabotear por el
hombre común existente en él y se enfocó en la visión y la creación. Siempre
mantuvo que el arte no puede ser egoísta, es para la compresión de todo tipo de
público y así lograr trascendencia en el tiempo.
Sus convicciones como
venezolano resuenan más que nunca en nuestra realidad:
”El país es un lugar donde
los ciudadanos comunes tienen garantías, salud, trabajo y educación. Sin eso no
existe país.”
“Venezuela tiene un problema
cultural y moral.”
“Su principal deseo: Que el
venezolano aprenda a pensar.”
Cruz Diez falleció el 27 de
julio de 2019 en París.
Carta de los jóvenes venezolanos
(Contexto histórico: El
Observatorio Venezolano de Conflictividad Social contabiliza 6.729
manifestaciones desde el 1 de abril hasta el 31 de julio de 2017 en todo el
país, equivalente a 56 protestas diarias, con 163 fallecidos en su mayoría estudiantes, abandonados por los políticos opositores de hoy)
«Escribir este mensaje a
todos los venezolanos y en especial a los jóvenes que arriesgan sus vidas
diariamente en las calles de Venezuela, nace del dolor y la angustia ante los
trágicos sucesos que están agobiando a mi país.
Además, quiero manifestar la admiración por la decidida actitud que les
ha llevado a enfrentar a un régimen construido sobre un modelo agotado y
obsoleto que se ha empeñado en destruir los valores humanos que son la única
garantía para construir una sociedad basada en la dignidad, el progreso y la
justicia social. También quiero decirles que están viviendo una oportunidad
única, la de cambiar su propio destino y el del país.
Si mi esfuerzo en la vida
para lograr ganar un lugar en el mundo del arte pueden servirles de referencia,
les digo que eso lo logré gracias a realizarlo en un contexto de plena
libertad, y la libertad solo se logra en democracia. Una libertad sin
prejuicios ni dogmas. Considero que esto último es la condición necesaria para
poder abordar seriamente la crisis de modelos que afrontamos en Venezuela en el
presente.
Durante el régimen de terror
que instauró la dictadura militar de Pérez Jiménez, que me tocó vivir y
padecer, era sabido que la gente, en especial los opositores detenidos por la
Seguridad Nacional, padecían torturas y en muchos casos desaparecían sin dejar
rastros. Yo me fui de Venezuela porque eso era una situación humillante, allí
no había lugar para la cultura ni el arte. El objetivo de un militar es
destruir o demoler al enemigo. Al contrario, el arte es generoso, un artista
sirve para enriquecer el espíritu de sus semejantes. El arte en todas sus
manifestaciones, la poesía, la literatura, la música, la danza, el teatro, la
pintura, todos esos son nutrientes para el espíritu de un pueblo.
Fueron los mismos militares
junto a la resistencia civil organizada los que derrocaron al dictador,
instalando en Venezuela una junta de gobierno que propició el retorno a la
democracia, las elecciones y el pacto de Punto Fijo. Este último fue un acuerdo
unánime de los partidos políticos para lograr la gobernanza, aunque algunos lo
utilizaron para repartirse la riqueza en lugar de administrarla. También les
digo que he sido testigo de la transformación del concepto de “país” y de
“patria” en un lugar para el usufructo y el despojo para beneficio de unos
cuantos.
Sin embargo, con la
democracia y durante 40 años, el país vivió una dinámica actividad cultural sin
precedentes: los grandes museos, los festivales teatrales y el movimiento
musical, entre otros, fueron motivo de reseñas culturales en todo el
continente. Solo se nombraban dos ciudades relevantes en la cultura: Nueva York
y Caracas. Después vino la “Revolución”,
que es una palabra arcaica, del siglo XVIII, esa palabra hoy no tiene sentido,
carece de significante. Vivimos el comienzo de una nueva civilización, de
nuevos paradigmas, no de una revolución. La llamada “revolución” acabó con todo
lo que se había construido en democracia.
Pienso que los conceptos
políticos son propósitos para regular, equilibrar el justo desarrollo,
evolución y progreso de la sociedad. A
veces esos conceptos toman un giro cuasi religioso, convirtiéndose en doctrinas con sus inevitables dogmas.
Conducir la economía de un pueblo basándose en un dogma, es contradictorio
porque un dogma no es necesariamente una verdad ni corresponde al
comportamiento de la sociedad. El dogma
es una creencia, un supuesto que pretende volver estático e inamovible el
pensar y sentir del individuo que está en una continúa evolución.
En Venezuela, ha sido
trágico para el país que los desposeídos de “entendimiento y razón”, como dice
la tonada margariteña, hayan tomado el poder, procediendo a la destrucción de
las instituciones democráticas que son la garantía de la libertad y el progreso
humano. El ignorante promueve la ignorancia, sin darse cuenta de que está
provocando el aislamiento y la destrucción de su propio país y que al final,
conllevará irremediablemente a su propia destrucción. Digo esto como artista, ya que el arte no
tiene ideología. Si el arte fuese una ideología impregnada de fanatismo,
necesitaría aplastar, encarcelar, torturar o matar a sus enemigos para hacerse
entender. Ningún artista mata a otro porque no le guste su discurso. Pero vemos
que no sucede así en la política en esta hora aciaga que vive Venezuela.
A esto se suma la dificultad
de los lideres, de los baquianos para ayudar a encontrar el camino, así como la
falta de motivación del ciudadano para consigo mismo, que le permita superarse
y borrar de su mente la idea de que es más fácil ser limosnero. Cada quien
tiene que pensar en ser autónomo, autosuficiente y generar riqueza para sí y
para los demás. A los jóvenes los animo a que se planteen estos objetivos. Hay
mucha gente pensante, inteligente en nuestro país, por eso tengo la esperanza
que un cambio definitivo se aproxima. Es una certeza, de allí la motivación para
compartir estas reflexiones.
En lo personal creo en la
necesidad de una educación que sirva para razonar, crear e inventar una nueva
organización social y económica de la sociedad y sacudirse de las religiones
políticas obsoletas, contribuir a desacralizar todo aquello que ha producido
falsas creencias y mitos que tanto daño nos han ocasionado.
De no plantearnos con
urgencia un cambio en las percepciones y conceptos que nos conduzcan a una
nueva manera de ver el país, las consecuencias serán dramáticas. He visto con
dolor la diáspora de jóvenes talentos que han salido del país y las fotografías
de sus partidas sobre mi obra en el aeropuerto de Maiquetía. Solo espero que
ésta sea un motivo de reencuentro en un futuro cercano.
Los valores democráticos y
éticos de los jóvenes venezolanos de hoy en día contrastan con los de quienes
han administrado el poder en los últimos cincuenta años y más aún con los que
han gobernado en los últimos dieciocho años. Con base en esos valores, los
invito a reflexionar sobre los nuevos paradigmas que es necesario crear ante el
modelo ya agotado que vive nuestro querido país y evitar así la repetición de
episodios lamentables en el futuro.
A mis 94 años, les digo con
sinceridad que les ha tocado vivir una época extraordinaria porque todo está
obsoleto y hay que inventarlo de nuevo, hay que inventar un nuevo lenguaje
político que hable de democracia, de valores éticos, de libertad, progreso y
justicia social, hay que inventar la educación y crear un país de
emprendedores, artistas e inventores, un país digno y soberano en el contexto
global, en fin, en Venezuela hay que inventarlo todo ¡Qué maravilla!
Ciudad de Panamá, abril
2017″.
Educación-gerencia- operatividad- sostenible – sustentable.
Proyecto educativo, impulsado desde Venezuela , con una nueva visión.
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